lunes, 18 de junio de 2012

Queen

Por si no os habéis dado cuenta, Queen es la banda de mi vida, la que hizo que me comprara una batería con el primer sueldo que gané. Amo a estos cuatro babyboomers por encima de casi cualquier cosa en el planeta. Por tanto, aviso para navegantes: todo aquel que tenga la ocurrencia de poner a parir a la mejor banda de la historia del Rock tendrá que vérselas conmigo...

Yo soy la Morse


¿Es Steve o Neal Morse? 


Desde que Dream Theater decidieron prescindir de los servicios de Mike Portnoy a la batería, la curiosidad generalizada por cada movimiento del rompeparches más emblemático del metal progresivo ha hecho que sus variopintos proyectos tengan una repercusión quizá mayor que la que antes tenían cuando aún estaba en la banda que creó junto a sus colegas en Nueva York, hace ya más de un cuarto de siglo.
Así, la recuperación de la superbanda Transatlantic puede entenderse como un intento de permanecer en la cresta de la ola, tras un dilatado lapsus sin editar material nuevo.
Su colaboración con los heavies Avenged Sevenfold ha sido otro de los caprichos, y más recientemente ha creado otra banda de tintes muy duros junto con el excelente vocalista de Symphony X, Russell Allen, llamada Lynch Mob (mirad su versión del "Mob Rules" de Black Sabbath; es la leche).
Quizá para compensar tanta dureza ha formado con otros ilustres musicazos y un chavalín un tanto anónimo otra banda, más centrada en componer una especie de pop progresivo, con canciones llenas de matices exquisitos pero también accesibles para una audiencia más, digamos, FM. Se llaman Flying Colors.
Los compañeros de Portnoy para esta nueva aventura son tres históricos del rollo más técnico o progresivo de los últimos treinta años y ese chico, llamado Casey McPherson, que tiene una voz encantadora, un poco a medio camino entre los cantantes de Muse y Coldplay, que se encarga en mi opinión de tender puentes hacia un planteamiento más actual de la música creativa y comercial al mismo tiempo.
Los otros tipos son Dave La Rue, bajista de un gusto notable, que se las apaña para dejar claro su talento sin interferir en la labor de los demás (lo que debe hacer un bajista, coño!), y dos nombres de altura: Steve y Neal Morse, que, por si las dudas, no son hermanos.
Steve tiene un currículo impresionante: aparte de artista en solitario, ha sido guitarrista de los increíbles Dixie Dregs (donde también estuvo La Rue, creo), de los Kansas de los ochenta y actualmente no tiene casi nada mejor que hacer que ser el hacha de Deep Purple, nada más y nada menos, donde continúa dando señas de su excelente digitación.
Neal, por su parte, también es artista en solitario, y es más conocido por haber sido el cantante de la primera época de Spock`s Beard (ahora sin el pobre Nick De Virgilio, en el Circo Del Sol), y también miembro de Transatlantic, junto con Portnoy y otros dos nombres fuertes, de Marillion y The Flower Kings.
Juntos conforman un disco que requiere de varias escuchas para ser degustado correctamente, con temas que van desde una concepción del progresivo que los emparenta con Supertramp, con desarrollos que dejan a las claras las credenciales de sus miembros, partes que recuerdan a los Yes más místicos y otras que hacen mover el culo a ritmo de jazz rock marchoso hasta alguna canción de neto hard rock para que Portnoy ponga esas caras de simio que tanto hacen disfrutar a sus fans.
http://flyingcolorsmusic.com/

Jon Hijo-De-Quién?

Cuando uno habla de una banda tan esencial para el rock progresivo como lo es Yes tiene la tentación, lógica por otra parte, de centrarse en sus años de máximo esplendor, que resultan ser, cómo no, la sacrosanta década de los setenta.
También podría hablarse con mucho fundamento de su período ochentero, aquel en el que con Trevor Rabin a la guitarra y plantándole cara al castrado Jon Anderson impulsó a la banda hacia un territorio más afín al rock duro melódico y, de paso, su techo comercial con el increíble disco "90125".
Pero fue en la década anterior cuando Yes se codearon con la creme de la creme del rock británico: abarrotaron estadios, publicaron exitosos discos conceptuales dobles, directos triples repletos de lucimiento individual, fueron los primeros en utilizar rayos láser en directo (antes que Pink Floyd) o idearon imaginativos montajes escénicos, con la inestimable ayuda del enorme Roger Dean, en dura competencia con el estudio Hypgnosis.
Fueron teloneados por Queen cuando aún no habían llegado a lo más alto (ni Queen, por supuesto), y llegaron a equipararse a otros gigantes, como Jethro Tull, a los que anteriormente habían teloneado a su vez.
Técnicamente, con la excepción de la Mahavishnu Orchestra, más acorde con el movimiento del jazz rock, representaban el techo  de la escena británica de la época junto a Emerson, Lake & Palmer o Gentle Giant, aunque estos últimos nunca disfrutaron de las mieles del éxito en el modo que Yes lo hizo, y junto a los inevitables Pink Floyd serían la banda más popular del estilo.
Pero Floyd y ELP no son tan representativos de una época. Yes es la banda quintaesencial del rock progresivo si se piensa en sus constantes más evidentes (los citados álbumes conceptuales interminables, la técnica apabullante, las canciones de más de 20 minutos, las letras fantásticas o ininteligibles), por mucho que, desde hace ya muchos años, hayan progresado más bien poco (en ese aspecto tanto King Crimson como Van Der Graaf Generator les echan la pata).
Tenemos, por tanto, lo que su antiguo batería Bill Bruford llamó una "banda museo", algo por otra parte no necesariamente despectivo, sobre todo si pensamos en bandas como los Rolling Stones o AC/DC, que poco o nada ofrecen de nuevo en cada uno de sus tours mundiales.
Sin embargo, el aura de Yes no ha tenido la resistencia de unos Floyd o unos Genesis, y se ha visto debilitada por una incapacidad de conectar con una audiencia más joven al mismo tiempo que retener a todo el pureterío, que en su época los encumbró a lo más alto, pero que hoy ya no está para tanto trote sinfónico y quizá se contenta con escuchar el "Owner Of A Lonely Heart" mientras conduce.
Todo ello nos puede llevar a pensar que estamos ante una banda acabada, y en un sentido quizá sea así, pero lo cierto es que a día de hoy Yes, con todos los cambios de formación que ha tenido (otro causante de desapego tal vez), es perfectamente capaz de facturar un disco tan digno como "Fly From Here" y de hechizar a los asistentes  a sus galas en vivo, algo por otra parte natural cuando una banda cuenta con canciones como "Yours Is No Disgrace", "Roundabout", "Close To The Edge", "The Gates Of Delirium", "Awaken", "Don`t Kill The Whale", "Tempus Fugit" o la citada "Owner...".
Hoy en día ni siquiera tenemos al histórico Jon Anderson en la banda. Anda enfadado con su escudero Chris Squire, por querer salir de gira sin él. Fue sustituido por un tal Benoit David, cantante en una banda tributo a Yes descubierto por Internet (¿a que suena esto a Judas Priest?), que grabó el último y estupendo álbum. Ahora el puesto de cantante ha vuelto a verse afectado, y tenemos a un chico, de aspecto tan inocente como el Anderson de los setenta, llamado Jon Davison, que canta y toca el bajo en una banda con evidentes influencias de Yes llamada Glass Hammer. En el teclado tenemos a un viejo zorro, el ex-Yes y timón de Asia Geoff Downes, que sabe de sobra cómo construir partes de teclado engañosamente simples y siempre elegantes. Sólo estuvo en un disco de Yes, el infravalorado "Drama", pero su labor fue tan excelsa que resulta plenamente justificable su inclusión como miembro histórico de la banda.
En las labores de guitarra, bajo y batería tenemos a los fantásticos Steve Howe (uno de los mejores hachas de la historia del Rock, sin duda), el ya citado Squire y Alan White, respectivamente, que se encargan de dar validez al hecho de que lo que estamos viendo y escuchando es Yes y no el coño de la Bernarda...
Esta entrada no tiene otra intención que reivindicar no sólo el papel clave de Yes en su tiempo, sino la magnificencia que sobre las tablas estos tipos son capaces todavía de mostrar. No os dejéis engañar, Yes siguen siendo un espectáculo de primera fila, y el chico nuevo suena como los ángeles, es decir, como el añorado u olvidado según el caso Jon Anderson. Y si no me creéis, echad un vistazo al enlace que os dejo más abajo, bordando el "Wonderous Stories"...
http://www.youtube.com/watch?v=9h28ndXr1s0

miércoles, 30 de mayo de 2012

2012




A veces no hace falta que ocurra nada especial para acordarse de una banda tan cojonuda como Rush. Suficiente es haber escuchado alguna vez lo que estos tres son capaces de hacer para que ya no se te quiten de la cabeza sus dotes interpretativas, las atmósferas tan especiales que ofrecen o esos arreglos de auténtica locura.
Lo digo porque eso me pasó a mí. Corría la década de los noventa; el grunge campaba a sus anchas, Kurt Cobain aún vivía, The Prodigy estaban a la vuelta de la esquina y yo apenas escuchaba algo que no fuera Led Zeppelin, Queen, Metallica o los Beach Boys. Un amigo de un amigo me prestó un cassette con un concierto que se llamaba "All The World`s A Stage", y ya nada fue igual. Creo que aquella fue la primera ocasión en la que pude escuchar algo de rock progresivo en su vertiente más técnica: ya sabéis, Pink Floyd no jugaban a ese juego. Más tarde llegarían Yes, Dream Theater, Jethro Tull... y los propios Rush, que con cada año parecían ser más técnicos. Cuando le puse la zarpa encima a "Exit Stage Left" casi me cagué encima. ¡Ese"YYZ" con solo de batería extendido! ¡Esos títulos tan enigmáticos! ¡Esa conjunción! ¡Ese guitarrista! ¡Ese bajista-teclista-cantante!
Me fui haciendo con sus discos poco a poco, a veces en condiciones muy pobres. Recuerdo la emoción al poner "Signals" o "Hold Your Fire", e incluso "Presto", que es, por supuesto, un muy buen disco.
La cosa llegó a otro nivel cuando me compré el "Rush In Rio". Ver a esta banda con esa calidad de audio y vídeo realmente fue un regalo, no importa lo que me costara. Fue entonces cuando realmente se convirtieron en una referencia de primerísimo nivel para mí. Ya no dejarían nunca de serlo.
Adquirí otros discos, otros DVDs alucinantes. Me metí en las letras de Lee y sobre todo de Peart, y curioseé de lo lindo cuando me hice con este trasto con teclas en todos aquellos detalles que podía recordar.
El último disco que compré de ellos fue el maravilloso "Snakes & Arrows", que deja claro porqué Rush es un clásico a la altura de los Beatles, Led Zep, los Stones, Black Sabbath, Kiss, The Police o quien se os ocurra. No importa lo viejos que puedan estar. Hacer un disco así a sus años no está al alcance de muchos, y ya me gustaría ver a más de una banda progresiva actual manteniendo el tipo así dentro de treinta años, no sólo tocando, sino componiendo un material tan relevante como el que se encuentra ahí. No es que sea material fresco, es algo más relacionado con el buen hacer, con la maestría adquirida con los años.
Ahora van a sacar un nuevo disco, conceptual y todo parece, que se llamará "Clockwork Angels", y apuesto un brazo a que va a estar tan bien como siempre. La Sagrada Trinidad de Toronto nunca defrauda.
¿Y a qué ha venido esto? Pues a que me he dado cuenta de que ¡ya sólo faltan cien años para llegar al 2112!
http://www.rush.com/clockworkangelstour.php

lunes, 28 de mayo de 2012

Rediscovery

En un alarde de locura sin precedentes en mí tuve la idea de gastarme doscientos eurazos en la FNAC de Sevilla de un tirón. El que me conoce sabe que tengo un problema, al menos: compro discos originales; cada vez que paso por la Avenida de la Constitución una extraña fuerza magnética, de la que Newton no tuvo nunca noticia, se apodera de mi cuerpo y me conduce hasta la segunda planta de un edificio con fotografías de Atín Aya u otros en su fachada. Normalmente la cosa se salda con un disquito de oferta, de seis a diez euros, de los que se ofrecen en las estanterías destacadas. Contento como un auténtico idiota sin remedio, enfilo el paso a mi coche, satisfecho ya de mis gestiones en la capital. En mi vehículo abro el tesoro y lo sobo sin recato, soñando con el momento en que lo introduzca en el aparato correspondiente, y, entonces...
En la ocasión de la que os hablaba al principio nada me decía que fuera a tener lugar una escena diferente. Pero, ¡oh futilidad!, lo vi. Claro, ya sabía que estaba al caer la reedición de toda la discografía en estudio de Pink Floyd: Lo que no sabía era que estaba toda en una caja, de nombre "Discovery".
Hasta entonces pensaba que vería algunas de estas reediciones de discos que aún no poseía y así completaría mi colección, uno a uno. Pero al ver lo diferentes que eran esas joyitas en cartón, similares a las ediciones originales en vinilo en su día, de los fríos discos compactos que se apilan entre las maquetas de El Perro De Nadie y los cinco discos de estudio de The Police, supe que eso no iba a ser así. No, yo tendría mi colección uniformada, con su sonido convenientemente remasterizado ayer por la tarde.
Y al ver la dichosa caja (¡dichosa, sí, sin ironías de ningún tipo!) una nueva idea comenzó a dar vueltas en mi cabeza: ¿Por qué gastarme doscientos cuarenta euros en catorce visitas a la FNAC, cuando podía desembolsar doscientos (ciento ochenta y cinco, con mi carné de socio) en una sola? Esta argumentación acabó por convencerme del todo. Tras unas últimas dudas (andaba por ahí también el "Achtung Baby" de U2 recién reeditado y a lo grande) me dirigí a la caja no sin cierta actividad sudorípara y con dificultades para tragar saliva, y adquirí la caja.
Describir la emoción que sentí al abrir este auténtico tesoro de la memoria cultural del siglo XX sería algo muy trillado. Ya se hicieron películas de Indiana Jones que hablaban de esto mismo, como también lo hizo "El oro de McKenna", "Piratas del caribe" o "Pozos de ambición". Son sensaciones no del todo sanas, o directamente enfermizas. También, en este caso, pueden ser muy gratificantes. Nótese que hablo del momento de abrir la caja. Porque lo que viene después, cuando tiras del lazo (¿púrpura!) que hace salir el librito de diseños de Storm Thorgerson, que sin dejar de ser una pollada constituye un documento requetemolón, y metes en su sitio correspondiente el "The Piper At The Gates Of Dawn" y le das al play, es absolutamente MARAVILLOSO.
Ya casi había olvidado el genio de Syd Barrett, la maldad contenida en la voz de Roger Waters, el especial lirismo de Rick Wright, la percusión siempre sabia de Nick Mason, la clase de David Gilmour... Ahora estoy con "A Sourceful Of Secrets", el único disco donde están los cinco, con Waters y Gilmour probando de qué están hechos, años antes de empezar a ver quién la tenía más grande. Deseando estoy descubrir "Ummagumma", escuchar "The Dark Side Of The Moon" en condiciones y no en mi guarrocasette TDK, adentrarme en "The Final Cut", darle otra oportunidad a "The Division Bell"...
Pero eso será dentro de mucho tiempo, porque una ingesta tan titánica requiere una digestión lenta, y sobre todo requiere de varias escuchas, como si fueran bocados, que lleven tan preciado alimento a los centros de nuestro ser, donde, tras los necesarios pasos, se convierta en parte indivisible de nuestro ADN. Como si no formara ya parte de nosotros, carajo.
¿Veis porqué hay que gastarse doscientos euros de vez en cuando?
http://www.pinkfloyd.com/music/discography.php

jueves, 24 de mayo de 2012

Achtung Girl




Bueno, bueno... Veinte años ya del Achtung Baby de U2...
En realidad los veinte años se cumplieron en 2011, pero como no compré esta reedición hasta hace poco no he hablado de ella antes. En cualquier caso, hablamos de música atemporal, así que las fechas aquí no son lo importante. Lo realmente importante es el contenido de este disco, que en 1991 dejó alucinado a medio mundo.
Para mí, la época realmente interesante de U2 comienza con este álbum. No es que me parezca que "The Joshua Tree" sea un mal disco ni mucho menos, de hecho me parece un puto clásico, pero sí es verdad que la primera mitad del disco me funciona mucho mejor que la segunda, o que "The Unforgettable Fire", de la misma época (sónicamente hablando), me gusta más en conjunto. Tampoco me disgusta la primera etapa de la banda, aunque "October" adolezca del síndrome del segundo disco. "War" fue una excelente manera de crecer como compositores, con canciones firmemente instaladas en el repertorio clásico de U2. Para mí, el gran logro de Brian Eno y Daniel Lanois con "Fire" y "Tree" se concentra principalmente en dar carta blanca a The Edge, uno de esos guitarristas que no se parecen a nadie en el mundo y que consiguen que su banda no se parezca tampoco a ninguna otra, como ocurre con Tom Verlaine de Television, Robert Fripp de King Crimson, Dave Gilmour de Pink Floyd, Andy Summers de The Police, Steve Howe de Yes o Brian May de Queen. Con "Rattle And Hum" bajaron un poco el nivel, pero Berlín estaba a la vuelta de la esquina...
Con "Achtung Baby" comenzaba el período arty de U2, su particular trilogía berlinesa, y no podía comenzar mejor: "Zoo Station" se encargaba de dinamitar cuaquier parecido anterior con una banda de rock al uso. El uso de la electrónica los hacía emparentarse con unos Depeche Mode que por esa época hacían el recorrido inverso; "Even Better Than The Real Thing" dejaba claro que el potencial melódico se había ensanchado hasta límites nuevos para ellos; "One" arrebataba el alma, al menos en las cien primeras escuchas; "Until The End Of The World" se convertía en un riff clásico de guitarra y en mi tema favorito de U2; "Who´s Gonna Ride Your Wild Horses" se lo ponía difícil a los Rolling Stones; "So Cruel" mantenía el listón; "The Fly" ofrecía algunos de los mejores falsetes de la historia del Rock; "Mysterious Ways" hacía mover el culo como nunca... y así seguía el disco, hasta acabar, clásico tras clásico, gema tras gema.
Poco después editaban "Zooropa", aún más pasado de vueltas y experimental, y para muchos (y para mí) su mejor disco. Más tarde remataban su oda/crítica al plástico con "Pop", un disco excelente que se suele considerar el peor de la banda, algo que no entiendo existiendo "October", "Rattle And Hum" o el siguiente "All That You Can´t Leave Behind", que encuentro sobrevalorado pese a contener grandes temas. Entretanto U2 se convirtió en un monstruo en directo, con montajes cada vez más complicados y enormes, y Bono en un personaje (o varios) heredero del sentido teatral de Bowie, pero también desfilaban influencias de Lou Reed, The Beatles, The Doors, Roxy Music, Elvis Presley u Orbital, por citar unos pocos.
U2, como se puede apreciar en el vídeo de Sydney de la gira de Zooropa, eran un espectáculo total, novedoso y pertinente aún hoy, que celebraba la singular liturgia de los conciertos de rock con auténtica devoción y perfecta ironía a partes iguales. Un Bono enfundado en cuero absolutamente insoportable en su papel de divo (The Fly) mediático rodeado de pantallas en constante emisión caótica era infinitamente más divertido que el espiritual chico al que se le fue la olla en el Live Aid; McPhisto conseguía echarle la pata en cuanto a acidez y sobreactuación; coches alemanes usados como focos colgados del techo del escenario o el detalle de salir a tocar cuatro canciones en una pista de colores como la de "Saturday Night Fever" desde un limón gigantesco que se abre por la mitad, junto a media eme de MacDonalds del tamaño de un edificio... era algo que no se había visto antes, la verdad. Aunque todo eso casi palidece ante el último montaje que idearon, la popular "araña" que ocupaba un estadio de babor a estribor y soportaba una pantalla circular que se plegaba y ... bueno, creo que ya sabéis de lo que hablo. Casi demasiado.
Los últimos discos me parecieron mejores que su supuesta vuelta a las raíces de "All That You...": "How To Dismantle An Atomic Bomb" me pareció una excelente colección de canciones, y el criticado "No Line On The Horizon" su mejor álbum desde "Pop", si no mejor.
Pero "Achtung Baby", su disco de transformación, el disco que influyó y animó a toda una pléyade de artistas muy diversos para afrontar un deseado cambio (recuerdo el "Slang" de Deff Leppard, o el "Generation Swine", de Motley Crüe, qué desastre) permanece como uno de los discos más decisivos de los noventa, junto al "OK Computer" de Radiohead. Todo un modelo al que remitirse para reinventarse.
Yo tengo la edición Deluxe, el CD doble. Para la edición con las gafas de The Fly no me llegaba la pasta, lástima.
http://achtungbaby.u2.com/

domingo, 6 de mayo de 2012

The rise and fall and rise of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars




Lo bueno de ser fan de tipos tan consagrados como David Bowie es que, cada cierto tiempo, aunque no se prodiguen mucho (o nada) editando discos nuevos o girando, la industria sabe calmar los ánimos con artimañas tan rastreras como necesarias del tipo que nos ocupa: celebrando el 40 aniversario de su salida, se va a poner en venta una nueva edición del que quizá sea el mejor disco del Delgado Duque Blanco, "The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars".
Un disco que pasó a los anales de la historia por consagrar a Bowie como el increíble artista que es, por sentar las bases de lo que sería el glam y por poner de moda cierto look andrógino que acabaría por llegar de alguna manera al punk, la nueva ola, los románticos y casi cada variante de lo que ha sido la música pop desde entonces; pero, por encima de todo, por sus canciones.
Los temas que contiene el disco son oro puro, gemas talladas con una sabiduría impropia de un niñato de 25 años de los suburbios de Londres, con una ejecución impecable por parte de una banda que merecería más crédito del que se le ha dado y una producción de Ken Scott que, siendo genial, no ha impedido que se vuelva a retocar para este nuevo lanzamiento.
La épica de su contenido, las guitarras de Mick Ronson, ese espíritu tan rockero que pronto se desvanecería a favor de unas cotas inéditas de pretensión europeizante y rupturista, arty a más no poder, junto a ese otro monstruo también salido del armario del glam intelectual llamado Brian Eno, la alucinante portada, de un fulgor irreal, y por supuesto la interpretación de Bowie haciendo añicos los límites entre la música, el teatro, la moda y-lo-que-se-te-ocurra, hicieron de este álbum una pieza esencial para entender una parte importante de la cultura popular del siglo XX.
Si bien no puedo afirmar que sea mi disco favorito de Bowie (el puesto quizá se lo llevaría "Heroes", casi otra dimensión), no puedo dejar de estremecerme cuando recuerdo esos coros de "Moonage Daydream", con ese aire casi apocalíptico, tan dramático... O "Starman", con su rollo funky... O "Five Years"...
A ahorrar, que sale en Junio.
http://www.davidbowie.com/index.php